Ucrania

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Ukrania: Crisis social o conflicto internacional?

31/3/2011

Progreso en las Relaciones Internacionales

Artículo: El Progreso en la Relaciones Internacionales de la Posguerra.
Editado por Emanuel Adler y Beverly Crawford.



 Noticia Completa
Definiendo y conceptualizando el progreso en las relaciones internacionales
Emanuel Adler, Beverly Crawford y Jack Donnelly
(Traducción de Maricruz Méndez Karlovich)

“El progreso consiste (sic) en intercambiar problemas viejos por nuevos” – Proverbio chino.

¿Es posible el progreso en las relaciones internacionales? ¿Hemos podido observar un cambio progresista en la política internacional en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial? Las agendas de las políticas nacionales y los programas de las organizaciones internacionales están guiados por una implícita creencia en el progreso internacional. Están llenas de referencias a objetivos de desarrollo, igualdad, supervivencia humana, “calidad de vida” y programas de política exterior que traerían cooperación, estabilidad, crecimiento económico y justicia social en las relaciones entre las naciones.   Pero..¿Qué es el progreso en las relaciones Internacionales?  ¿Cuáles son las condiciones internacionales bajo las cuales este “cambio progresista” ocurre?

Es el propósito de este volumen explorar estas preguntas.  Elevamos la pregunta del progreso porque deseamos descubrir la dinámica y evaluar la dirección del cambio internacional.  Ambos, el análisis del cambio y el subyacente interés en relación con el progreso han sido temas centrales en el trabajo de Ernst B. Haas y ha influenciado su contribución intelectual al estudio de las relaciones internacionales.  Nosotros construimos sobre su contribución, apuntando a hacer foco en nuestro análisis de los cambios en las relaciones internacionales de la posguerra sobre la cuestión del progreso.

Sin embargo, un examen del progreso es más que un análisis del cambio.  Webster define al progreso como “un movimiento o avance hacia un objetivo o meta” o la “acción o proceso de avanzar o mejorar a través de estadios o grados señalados”. El progreso implica no sólo un cambio dirigido sino un cambio en dirección o hacia un fin que sea valorado positivamente, como Francisco Ayala lo definió “un cambio direccional hacia lo mejor”.  Tanto el progreso en sí mismo como el fin por el cual es medido serán valorados intrínseca o instrumentalmente.  Nuestra discusión del progreso – tanto de los fines como de los medios a través de los cuáles es obtenido – es por lo tanto inevitablemente normativo.  Por supuesto que es posible el discurso de valor neutral sobre el progreso, pero a menos que también nos comprometamos en un discurso evaluativo, sólo podremos considerar una parte del sujeto; si los valores son completamente eliminados, no podremos discutir el progreso.  En el comienzo, entonces, debemos especificar y defender cuidadosamente los estándares a través de los cuales definiremos, mediremos y explicaremos el progreso en las relaciones Internacionales.  Este capítulo está dedicado a estas tres tareas.

Definiendo el progreso.

Comenzamos con nuestro trabajo de definir el progreso: El Progreso en las relaciones internacionales implica cambios en la persecución de los intereses nacionales de manera que promuevan los intereses humanos.  Los interesses humanos son definidos aqui como seguridad, bienestar y derechos humanos de los individuos. Reconocemos la controversia en cuanto a la definición que se puede generar cuando los especialistas piensan sobre el progreso internacional, por este motivo, defendemos esta definición.

Perspectivas estatistas vs sistémicas

Podemos empezar por señalar dos acercamientos básicos a la especificación del progreso en las relaciones internacionales, que pueden ser llamadas perspectivas “estatistas” (o nacionales) y sistémicas ( o internacionales).  El acercamiento estatista verá al progreso como cualquier avance en la realización de los objetivos o intereses de un estado particular.  “El progreso en las relaciones internacionales”, por consiguiente, será la realización de los objetivos o intereses nacionales de los estados como resultado de sus actividades internacionales.  El acercamiento sistémico, por el contrario, verá a las relaciones internacionales como un intento de objetivos colectivos en adición a los propósitos particulares de los estados por separado. “El progreso en las relaciones internacionales” en esta concepción involucrará un movimiento hacia fines que no pueden simplemente reducirse a los objetivos o intereses de los estados particulares o de un grupo de estados.  Dentro de este acercamiento sistémico, los objetivos, estándares, y valores son derivados de una revisión de aquellos valores consensuados y apoyados por la comunidad internacional.

El acercamiento estatista hace una evaluación esencialmente “subjetiva” específica a un solo sujeto.  Por lo tanto, las evaluaciones de los mismos cambios diferirán radicalmente de un sujeto (en este caso, un estado) a otro sujeto (estado): A podrá proclamar que X es progresista, y C, que X es neutral – y los tres tendrán razón.  El “Progreso” por lo tanto es reducido a algo similar a “lo que yo quiero” o a la realización de una definición estrictamente apegada a los intereses nacionales en las relaciones internacionales de los estados.  Como tal, no vale la pena una seria investigación , aún si se prueba que los estados de hecho adoptan esencialmente definiciones estatistas del progreso en sus relaciones internacionales. Por lo tanto, nuestro acercamiento debe ser sistémico.  Esto nos lleva al problema de la selección y defensa de los objetivos particulares para medir el progreso en las relaciones internacionales.

Sugerimos que la seguridad, el bienestar y los derechos humanos sean destacados como los que cumplen con los estándares consensuados o la definición de esos objetivos.
Considerando la Carta de las Naciones Unidas, como un buen lugar en donde descubrir las mayores aspiraciones de la comunidad internacional y en donde una definición sistémica del progreso en las relaciones internacionales es expresada. A pesar de los problemas de las Naciones Unidas, hay aún un significativo consenso internacional en que estos objetivos encarnan las mayores aspiraciones de la comunidad internacional.  El preámbulo enumera cuatro propósitos de la organización: “salvaguardar a futuras generaciones del flagelo de la guerra”, “reafirmar la creencia en los derechos fundamentales del hombre, (y) en la dignidad y el valor de la persona humana “,  “establecer las condiciones bajo las cuales la justicia y el respecto por la ley internacional puede ser mantenida” y  “promover el progreso social y mejores estándares de vida en una mayor libertad”.  Una lista  similiar es provista por el artículo 1: “mantener internacionalmente la paz y seguridad”,. “desarrollar relaciones amigables entre las naciones”, “ alcanzar la cooperación internacional para solucionar problemas internacionales de carácter económico, cultural o humanitario y promover y alentar el respecto por los derechos humanos y las libertades fundamentales”, y “ ser el centro de armonización de las naciones”.  La Carta, entonces, provee una medida interpersonal del progreso en las relaciones internacionales.  Esto se condice con nuestra concepción del progreso como involucrando un cambio hacia una mayor seguridad, bienestar económico y social y derechos humanos.

Arribamos  a una conclusión similar si consideramos los beneficios que nosotros esperamos de las políticas internas.  La mayoría de la gente, en la mayoría de los países, espera o desea que el estado los provea de orden y ley (paz interna y tranquilidad o “seguridad”) y que persiga el desarrollo económico y social y el bienestar de la comunidad.  Además, es ampliamente esperado o deseado que la seguridad interna y el bienestar sean perseguidos respetando los derechos humanos y, más generalmente, que la justicia sea establecida como norma en las relaciones sociales.  Reconociendo totalmente las diferencias entre las políticas internas e internacionales – entre las sociedades políticas y anárquicas – no tiene sentido ni parece convincente extender los valores buscados en la política nacional a la política internacionales, sin importar cuan diferentes son los medios e instituciones a través de las cuáles son perseguidos.

Tales argumentos, los cuales pueden ser fácilmente multiplicados, sugieren que la seguridad, el bienestar y los derechos humanos representan estándares convincentes para el progreso en las relaciones internacionales que son al menos no más controversiales que cualquier otro.  Por tal motivo, los adoptaremos.  Nos referimos a estos objetivos como “intereses humanos” para distinguir nuestro acercamiento sistémico del estatista que pondrá el foco sólo en una concepción ajustada a los “intereses nacionales” en referencia al progreso en las relaciones internacionales.  Discutiremos la relación entre “intereses humanos “ y los “intereses nacionales” en más detalle más adelante.

Quienes contribuyeron a este volumen focalizan en uno o más de estos objetivos como los estándares para medir el progreso en un número de áreas.  Philippe Schmitter pone el foco en el bienestar y la seguridad cuando analiza el impacto de la democratización en la interdependencia económica y la cooperación política entre los estados.  Emanuel Adler, en su análisis del cambio de expectativas de las consecuencias de la guerra y la cooperación, evalúa el progreso según los estándares del incremento en la seguridad.  Peter Haas, en su análiss de los temas de medio ambiente internacionales; Johan Ruggie, en su análisis del cambio en los regímenes económicos internacionales, y Robert Kudrle y Stefanie Lenway, en sus análisis de ll Acuerdo de Liber Comercio entre Estados Unidos y Canadá basado en el bienestar.  Haas asocia un medio ambiente más limpio a la obtención de bienestar, Ruggie asocia a estas ganancias con la estabilidad en los regímenes internacionales que protegen el bienestar nacional tanto como liberan el comercio y Kudrle and Lenway examinan la ganancia del bienestar asociándolo con el libre comercio en los países “ricos”.  Jack Donnelly examina el progreso en los derechos humanos internacionales y Ben Schiff examina el progreso alcanzado en los derechos humanos y el bienestar para los refugiados palestinos.

Concepciones minimalista y maximalista.

Ahora, necesitamos distinguir la concepción “minimalista” ( o negativa) de la  “maximalista ( o positiva) sobre la seguridad, el bienestar y los derechos humanos.  La concepción minimalista, al explorar el progreso en las relaciones internacionales, se refiere primariamente  a la reducción del nivel e intensidad de los conflictos violentos, la explotación, la miseria y la injusticia: por ejemplo, los cambios en el número, la duración o la intensidad de guerras; en el número o proporción de gente que se encuentra en la pobreza masiva, o la extensión de su sufrimiento, en instancias de acuerdos pacíficos de conflicto según los principios de la ley, la justicia, o la equidad, o en la incidencia de injusticias, sistemáticas y persistentes violaciones a los derechos humanos básicos.  En otras palabras, para la concepción minimalista, el progreso es alcanzado cuando los intereses humanos son representados y promovidos mientras los estados continúan con la persecución de sus intereses nacionales, y el progreso usualmente será sólo la disminución de la guerra, la miseria y la injusticia.

Para la concepción maximalista, sin embargo, tales cambios significarán solamente el progreso más premiliminar.  El progreso “real” para la concepción maximalista, requerirá un sustancial y positivo movimiento hacia el alcance de la “real” seguridad (no sólo la reducción de la guerra), el “real” bienestar (no solamente la reducción de la miseria) y los “reales” derechos humanos ( no solamente la reducción en las injusticias).  Para la concepción maximalista, el progreso es alcanzado sólo cuando la persecución de los intereses humanos viene a reemplazar la persecución de los intereses nacionales en la política internacional.

La naturaleza de la política internacional contemporánea sugiere elegir un acercamiento minimalista, o al menos enfatizar el progreso negativamente definido en un acercamiento que combine los elementos minimalistas y maximalista.  Para bien o para mal, la anarquía en el sentido estricto de la ausencia de reglas, se mantiene como la característica dominante de las relaciones internacionales contemporáneas.  A pesar de que enfatizamos mucho el crecimiento de la interdependencia, las relaciones transnacionales y transgubernamentales, y el volumen de las organizaciones internaiconales y los regímenes, la soberanía nacional – que es, la ausencia de una autoridad internacional – se mantiene como el principio organizador del sistema internacional en la teoría y en la práctica.  Ya sea que lo que clamemos o revelemos en los hechos,  el sistema “Westfaliano” de estados nación autónomos no sólo persiste sino que parece estar remarcablemente vigoroso. Cualquiera sean los desacuerdos que puedan existir alrededor del camino del cambio, la dirección de las tendencias o de la conveniencia del status quo, esta descripción de las relaciones internacionales es casi universalmente aceptada por varios estudiosos de la materia.

La anarquía no necesariamente debe engendrar conflictos violentos, pero provee un ambiente en el cual pueden florecer libremente, en la ausencia de una autoridad legítima, el poder y la fuerza están listas para volverse la norma a través de las cuales las disputas son resueltas.  La soberanía no debe exactamente crear miseria, pero contribuye de manera amplia a disminuir los niveles de bienestar – por ejemplo, a través de las protección nacional y de la inequidad internacional, impidiendo que el bienestar se vea favorecido por la cooperación, o requiriendo gastos para armas a expensas de alimentos.  Asimismo, la soberanía no será una causa fundamental para las violaciones a los derechos humanos, pero se usa frecuentemente para encubrir o proteger las depredaciones de las elites dirigentes, tanto internamente como en el exterior.  En otras palabras, la anarquía hace más difícil aún alcanzar reducciones substanciales de la guerra, la misera y las violaciones a los derechos humanos.  Por lo tanto, una concepción minimalista del progreso parece más consonante que la concepción maximalista teniendo en cuenta la naturaleza de la política internacional y los problemas contemporáneos.

Ten en cuenta que no estamos argumentando que los estados nación son la fuente o raíz de los problemas internacionales.  No estamos ni siquiera argumentando que el debilitamiento o la eliminación de los estados garantizará el progreso, por ejemplo, en un mundo gobernado tiránicamente sería fácil producir grandes violaciones a los derechos humanos, más miseria y aún más violencia que en el sistema de estados de los últimos tres o cuatro siglos.

Efectivamente, los realistas clásicos han argumentando que el surgimiento del sistema de estados en el siglo diecisiete fue un momento progresista en la historia de las relaciones internacionales.  Gradualmente, cuando las fronteras territoriales se volvieron más estables, el cálculo racional de los intereses nacionales en gran medida (aunque no por completo) reemplazó la ideología o la religión como la base de la política.   Por consiguiente, los brillantes estadistas pudieron crear ordenadamente relaciones con otros, porque sus demandas hacia los otros estarían limitadas por los intereses de seguridad. 

Como sugiere la tesis de Cawford, el triunfo del modelo de soberanías en el tardío siglo diecinueve puede también ser visto como un momento progresista en la historia de la diplomacia.  Como las reglas de la dilplomacia viraron de un gran poder supremo a una igualdad jurídica de todos los estados, los estados grandes y pequeños aceptaron algunos límites a maximizar su poder.  Las fronteras territoriales deben aún minimizar las violencias entre aquellos cuyos objetivos extremos están en pugna.  Craig Murphy ha argumentado que las fronteras de las naciones con los estándares más progresistas social y políticamente han ayudado a proteger el progreso social alcanzado por las fuerzas democráticas. 

A pesar del hecho de que estos desarrollos pueden ser considerados “progresistas” en relación con los que les precedieron, la persecución del interés nacional (sin importar cuán ampliamente esté definido como para incluir objetivos diferentes a la supervivencia política) más que los “intereses humanos” permanecen como al fuerza que dirige detrás de los comportamiento de la mayoría de los estados en las relaciones internacionales.  El contemporáneo sistema de soberanías estatales sugiere que los intereses humanos improbablemente reemplazarán a los intereses nacionales pronto y que sólo el progreso definido en un sentido mayormente negativo , en términos mnimalistas, será el futuro predecible, si lo hay. Por lo tanto, debemos concentrarnos en explorar el movimiento hacia los objetivos mínimos de reducción (nacional y especialmente internacional) de la violencia, la miseria y las violaciones a los derechos humanos.

La mayoría de quienes contribuyeron con este volumen adoptan esta posición.  En su conjunto, somos modestos sobre los tipos de cambios que esperamos, pero no sobre los cambios que nos gustaría ver.  Por ejemplo, más que focalizar en la amplia tarea de eliminar la degradación ambiental, Peter Haas ha hecho foco en su análisis en el ajustado problema de la acción colectiva para reducir la contaminación transfronteriza.   Reagan y Gorbachev tomaron un acercamiento maximalista de la seguridad cuando defendieron la elminación de todas las armas nucleares.  En este volumen, sin embargo,  Adler toma el camino minimalista.  En su análisis, el progreso en las relaciones internacionales entre las superpotencias es mejor evaluado a través de una mirada a las condiciones políticas que hacen que sea menos probable el uso de las armas nucleares.  Jack Donnelly mira a las condiciones internacionales bajo las cuales las flagelantes violaciones a los derechos humanos dentro de los estados pueden ser reducidas, un acercamiento muy minimalista del progreso en esta área temática.  Ben Schiff toma un acercamiento minimalista del progreso en su análisis del problema de los refugiados palestinos en Medio Oriente.  Él no demanda soluciones radicales al problema de los refugiados o la paz en la región como un test de progreso, más bien, mira el rol de una organización internacional en mejorar el bienestar individual y los derechos de los palestinos refugiados.  Philippe Schmitter, sin embargo, es más demandante, para él , el progreso económico y social para los individuos implica un incremento en la democratización entre los estados, una visión que va más allá del minimalismo.  De hecho, la tesis de Schmitter extrae su inspiración de la vista maximalista de Kant que establece que sólo un sistema de repúblicas podría ser capaz de evolucionar a un sistema de paz perpetua.  Finalmente, John Ruggie y Robert Kudrle y Stefanie Lenway toman un acercamiento minimalista del progreso en las relaciones económicas internacionales.  Para Ruggie, el liberalismo encarnado como presunción central que guía el comercio internacional representa un incremento del progreso hacia el bienestar general en comparación con los órdenes económicos del Laissez faire y la clausura que precedió a la Segunda Guerra Mundial.  De manera similar, en su análisis de las negociaciones de libre comercio entre USA y Canadá, Kudrle y Lenway definen el progreso como simplemente la creación de un mecanismo de  acuerdos entre disputas bilaterales para resolver conflictos que emanen de las políticas nacionales independientes.

Progreso Instrumental y Sustantivo

La literatura reciente sobre la cooperación internacional y los regímenes internacionales, ha sugerido implícitamente que más cooperación en las relaciones internacionales es un indicador de progreso.  En este volumen, nosotros nos basamos en esa literatura y vamos un paso más allá.  Diferenciamos entre progreso instrumental y sustantivo. El progreso sustantivo se refiere a los objetivos o fines por los cuales el progreso es medido.  Identificamos a estos objetivos como seguridad, bienestar y derechos humanos sin importar cuán mínimo el alcance de esos objetivos sea. Si al menos uno de ese valores es mejorado sobre el paso del tiempo y a través de las barreras nacionales sin crear daños indeseables a otros valores e intereses humanos, el progreso es alcanzado.  El progreso instrumental, por otro lado, se refiere a los medios a través de los cuales el progreso sustantivo es alcanzado.  Estos medios incluyen, pero no están limitados, a la cooperación internacional.  Otros instrumentos del progreso serían los cambios en las políticas unilaterales, o la actividad de las organizaciones no gubernamentales (ONGs).  No consideramos a estos instrumentos progresistas a menos que lleven a la promoción de los intereses humanos en las relaciones internacionales.  Por ejemplo, la cooperación internacional podrá efectivamente generar el progreso tal como lo definimos.  Pero este no es el único instrumento a través del cual el progreso es alcanzado, ni es necesariamente progresista.  Proveeremos más indicadores concretos del progreso instrumental en un momento cuando discutamos cómo el progreso puede ser medido.

Asumiendo ambos, la perspectiva sistémica y la concepción minimalista y una distinción entre el progreso instrumental y sustantivo, el progreso en las relaciones internacionales puede ser ahora definido brevemente: el progreso involucrará cambios en las políticas y relaciones de los estados que reducirán el conflicto o aumentarán la cooperación a favor de una mayor seguridad, bienestar o derechos humanos, entendidos como una reducción de la violencia, la miseria o las violaciones a los derechos humanos.  En otras palabras, el progreso en las relaciones internacionales implica la persecución de los intereses nacionales de los estados de manera que favorezcan los intereses humanos.  Esto no significa que los actores deban renunciar a sus intereses nacionales o a su poder.  Mejor dicho, esto implica que los actores aplicarán su poder de manera diferente a como lo hacían en el pasado, e invertirán el tiempo y los recursos en encontrar soluciones a los problemas por los cuales sufren los individuos más allá de las fronteras.

Aún habrá una considerable controversia alrededor de la definición sobre el significado o el fundamento de la guerra, y especialmente sobre la miseria y los derechos humanos. Además, las implicaciones prácticas de un compromiso para reducir la guerra, la miseria y las violaciones a los derechos humanos – sin importar cómo sean definidos en detalle – también serán controvertidos aún dentro – y mucho menos a través - de los valores.  Sin embargo, las ideas de guerra, miseria y violaciones a los derechos humanos son suficientemente claras en sus grandes rasgos como para servir a nuestro propósito aquí.

Este acercamiento también parece ser al menos cómodamente compatibles con los estándares de la mayoría de las “escuelas” en el estudio de las relaciones internacionales.  La mayoría de los realistas podrías fácilmente vivir con esta concepción de progreso, aunque ellos enfatizarían el orden y la reducción de la violencia en las relaciones internacionales y probablemente mantendrían poca esperanza en un mayor progreso aún aquí.  Los teorizadores del orden en el mundo y otros idealistas contemporáneos rozarían el minimalismo de nuestra concepción y enfatizarían la importancia en cualquier análisis de la introducción de la concepción maximalista de la paz positiva, el bienestar y la justicia.  Sin embargo, ellos probablemente podrían tolerarla.  Los internacionalistas liberales y los teorizadores de la interdependencia aceptarían más este tipo de formulación.  Pero lo mismo debería opinar la mayoría de los Marxistas, neo-Marxistas, y los teoristas de la dependencia, sin embargo, serán diferentes sus concepciones sobre las causas de la guerra, la miseria y las violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, la definición del progreso como una forma de interacción internacional (progreso internacional) que reduce la violencia, la miseria y las violaciones a los derechos humanos ( progreso sustantivo ) sea tal vez lo más cerca que podemos estar de una definición de trabajo ampliamente aceptada.

Sin embargo, no debemos olvidar que la seguridad, el bienestar y los derechos humanos son concebidos en términos más positivos, sin importar cuán lejanos ellos parezcan ni cuán lento nuestro progreso hacia ellos sea.  Una concepción minimalista del progreso en las relaciones internacionales será impuesto sobre nosotros por la profundidad y por el alcance de los problemas que enfrentamos y el penoso, lento y costoso camino de nuestro progreso hacia los objetivos de seguridad, bienestar y derechos humanos.  Una concepción minimalista nos permite mediar y analizar mejor qué progreso podemos ver hoy.

Pero esto permanece siendo una débil concepción.  Por lo tanto, mientras nosotros enfaticemos sobre cuán lejos hemos llegado, definimos de manera minimalista, debemos mantener detrás de nuestras mentes cuán lejos debemos ir, definido en términos maximalistas.  Una concepción maximalista del progreso no puede ser el principal estándar usado en nuestro análisis pero debe ser tenido en cuenta en ultima instancia.

Prioridades y beneficiarios

Seguridad, bienestar y derechos humanos, sin embargo, son frecuentemente objetivos incompatibles.  Por ejemplo, defender los derechos humanos requerirá la recurrencia a la violencia y aún a la guerra, como fue el caso de la invasión a Tanzania para derrocar a Idi Amin.  La coexistencia pacífica, durante las cuatro décadas de la Guerra Fría, desde la perspectiva del Este y de Oeste de manera igual, fue probablemente el ejemplo del sacrificio de los derechos humanos, y tal vez aún del bienestar en nombre de la paz.

¿Es la coexistencia pacífica un indicador de progreso en las relaciones internacionales?  Esto claramente fue progresista en comparación con los patrones de la interacción internacional que nos dio dos guerras mundiales.  Pero puede fácilmente discutirse que las violaciones a los derechos humanos y la miseria fueron intensificadas en Europa del Este y otros países ( o, desde la perspectiva Soviética, en Europa Occidental y en el Tercer Mundo).  La Guerra Fría también incrementó el gasto en defensa de los dos países a expensas del bienestar.  En balance, la reducción de la violencia internacional durante el período de la Guerra Fría fue probablemente más importante.  Pero el progreso en este caso se va más como un paso adelante y dos pequeños pasos para atrás.  Y si nos preguntamos, como lo hace Adler en la conclusión de su tesis sobre la seguridad, esta estabilidad de largo plazo del balance nuclear del terror, aún no está del todo claro.  Philippe Schmitter argumenta que las políticas de derechos humanos de los estados internamente y en sus intercambios económicos externos y la cooperación política con otros son reforzadas mutuamente.  Una mayor democratización interna lleva al incremento del desarrollo económico internacional y de la seguridad.  Los desarrollos revolucionarios hacia la democratización en Europa del Este   refuerzan su conclusión.

En este virtuoso círculo de democracia, bienestar y paz, no obstante, habrá algunas injusticias que ameritan la lucha a través de una guerra, por ejemplo, para prevenir la recurrencia del Holocauso.  Otros, sin embargo, como el programa de injusticia de los trabajadores inmigrantes en Alemania, no ameritarían el recurso de la violencia.  Cuando la mayoría de la población de un país está padeciendo hambrunas o está seriamente mal alimentada, medios injustos y aún la guerra estarían justificados para alcanzar una reducción significante de la miseria.  En muchas otras circunstancias, aún mayores mejoras en bienestar no ameritan  aumentos significativos en la violencia o en las violaciones a los derechos humanos.

Los tres valores son importantes; de hecho, cada uno es de primordial importancia. Sin embargo, en muchas instancias entran en conflicto.  Y aún cuando entran en conflicto el progreso puede aún ser alcanzado.  En tales casos, lo mejor que podemos hacer es medir uno contra el otro, aproximadamente, en las particulares circunstancias que se ponen en juego.  La compensación que nosotros estamos forzados a hacer entre estos objetivos son en última instancia dependientes de unas condiciones particulares y sobre nuestro propio buen juicio.  Las complicaciones que aparecen en evaluar el progreso son indudablemente serias.  Son, sin embargo, seguramente inevitables, porque aquí como en cualquier otro lugar, el  hecho es que los valores que están comprometidos son frecuentemente incompatibles en casos particulares.

Finalmente, para concluir esta discusión en torno a la definición, destacamos que aunque estamos hablando de progreso en y como resultado de las relaciones internacionales, los beneficios de este progreso serán probablemente nacionales y aún individuales  A través de la reducción del conflicto internacional o del incremento de la cooperación internacional para la reducción de la violencia, la miseria o la injusticia, los estados ( y otros actores internacionalmente relevantes) están casi seguros de beneficiarse ellos mismos y ( al menos algunos de ellos ) sus nacionales directamente, y el beneficiario de  última instancia será un mundo con menos guerra, miseria o injusticia y son los individuos quienes viven en ese mundo.

Por lo tanto, adoptar una perspectiva sistémica en lugar que una estatista sobre el progreso no significa ni ignorar a los estados ni a los individuos.  Casi lo contrario, como discutiremos en más detalle luego, el foco de los estudios en este volumen está en las acciones e interacciones de los estados y en cómo ellos contribuyen o retrasan el progreso en las relaciones internacionales.  Desde la perspectiva de progreso en las relaciones internacionales, las relaciones de los estados son primariamente de intereses en el grado en que ellos proveen a los individuos con mayor paz, más justicia, màs agrado y una vida con mejor desarrollo.  Nosotros, de este modo, tomamos esta visión que los individuos, no los estados, son los sujetos del progreso.  Esto es así, aunque los individuos no son la unidad de análisis aquí, proveen la fuente de valor, y ellos son el mayor estándar a través del cual evaluar la calidad de las consecuencias de  las relaciones internacionales.

Midiendo el Progreso

¿Donde buscamos el progreso en las relaciones Internacionales?  ¿Y Cómo sabemos cuando fue o no fue alcanzado?  Recordá que argumentamos que el progreso es alcanzado cuando los estados persiguen sus intereses nacionales de manera que favorecen y promueven los intereses humanos.  En cuanto a los indicadores del progreso, los que contribuyeron a este volumen han rastreado cambios en las maneras en que los estados han definido y perseguido sus intereses nacionales y resuelto sus problemas a través del período de postguerra ( progreso instrumental ) para mejorar la seguridad internacional, el bienestar y los derechos humanos (progreso sustantivo).
Este rastreo fue hecho de cuatro maneras: (1) evaluación del cambio institucional internacional (2) análisis del cambio en la interacción entre los estados (3) la exploración de la formulación y la implementación de las políticas nacionales e internacionales y (4) evaluación de los cambios en los valores, expectativas y actitudes, tanto de las elites como de los niveles populares.  Diversos autores quienes argumentan que el progreso en su area específica es alcanzado a través de la colaboración internacional rastrean el actual desarrollo de las instituciones internacionales, en busca de  un aumento en la fortalezca institucional o el mantenimiento institucional.  Medidas prudentes en pos del fortalecimiento institucional pueden proveer un buen indicador de cambio en la manera en que los miembros de estas instituciones persiguen sus intereses nacionales.  Otros autores analizan los procesos de interacción entre los estados y cómo ellos negocian uno con el otro tácita o explícitamente, y como ellos contribuyen y desarrollan las instituciones internacionales, y como ellos intensifican los esfuerzos de cooperación diplomáticos y económicos. Aquí, mezclando los órdenes de preferencia y las posiciones negociadoras proveemos un segundo indicador de cambio en la manera en que los negociadores representan y persiguen su interés nacional.  Aún otros autores han examinado la manera en que los estados persiguen sus intereses nacionales a través de rastrear el proceso político y los resultados de la política tanto dentro de los estados como dentro de las organizaciones internacionales y los regímenes al enfrentar el cambio en los problemas internacionales.  Finalmente, otros creen que las medidas del valor, y el cambio de actitud proveen un buen indicador para medir si los intereses humanos son incorporados a las concepciones de interés nacional.  Todos los autores rastrean  los cambios que ellos creen son relevantes pensando en si  la definición minimalista del progreso es alcanzada.

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